Manolo Valdés
Exposición inaugural de la Galería Torres
PRESENTACIÓN
Para un proyecto artístico como el que nos ocupa, que ha puesto su acento en el expresionismo figurativo, contar para inaugurar nuestros espacios de exposiciones en Bilbao con una muestra completa y relevante de los últimos trabajos de un artista de talla internacional como Manolo Valdés, resulta un auténtico privilegio.
Pocos artistas como Manolo Valdés pueden sintetizar los rasgos esenciales que deben de adornar a quienes pretenden adaptarse a esta etapa de la historia que cabalga entre dos siglos: originalidad que facilite la creación de espacios diferenciados, señas de identidad propias que aporten un sello inconfundible a sus trabajos, evolución constante acomodada a los cambios trepidantes que exigen los tiempos actuales y tratamiento prioritario de la materia para obtener resultados estéticos independientes a los aportados por la línea, el color y la composición, como elementos formales de la obra.
He de reconocer que siento una especial atracción por aquellos artistas que además de estar dotados de un especial genio creador, aportan a su obra una marcada capacidad artesanal. Es ese binomio artista-artesano el que impide que el resultado final sea fruto de la casualidad y el que procura a los trabajos un plus de calidad que sólo les está permitido a quienes dominan el oficio de artista. Manolo Valdés convierte en objeto artístico todo cuanto toca; cualquier material le sirve de soporte y cualquier técnica de medio de expresión para culminar una obra de arte, en un excitante proceso en el que creación y elaboración, arte y oficio, se influencian mutuamente.
En esa habilidad excepcional para asimilar los resortes de las distintas técnicas y en una capacidad de trabajo poco común, radica el secreto de que Manolo Valdés sea actualmente uno de los artistas más polifacéticos y sobresalientes de todo el mundo. Resultan igualmente admirables sus esculturas en madera o cartón piedra que sus proteicos óleos sobre arpillera, sus cartones, collages, grabados y técnicas mixtas. Es este Manolo Valdés de increíble fecundidad creadora, el que mostramos por primera vez en Bilbao para inaugurar nuestro proyecto artístico, con una extraordinaria muestra de sus diferentes trabajos, cuya categoría artística le ha valido estar presente en más de 40 museos en los cinco continentes y ocupar un puesto de privilegio en la historia universal de la moderna figuración.
Desde estas líneas queremos mostrar nuestro agradecimiento a la organización Marlborough y a su directora para España, Mari Cruz Bilbao, por su desinteresada cooperación para que el genial artista valenciano Manolo Valdés pudiera hacer realidad nuestro propósito de estar presente en este importante evento que marca el comienzo de nuestro proyecto y sobre el que ha de dejar su huella imperecedera.
Juan Manuel Lumbreras.
ESPEJOS DE LA MEMORIA
Señalaba E. M. Cioran en su Breviario de podredumbre que nuestras verdades no valen más que las de nuestros antepasados; que, tras haber sustituido sus mitos y sus símbolos por conceptos, nos creemos más “avanzados”, pero que esos mitos y esos símbolos por sí solos no expresan menos que nuestros conceptos, ya que el Saber, en los que tienen de profundo y esencial, no cambia nunca: sólo su decorado varía; y, así, la guerra continúa sin Marte y el amor sin Venus, aunque no por ello estos acontecimientos sean más explicables o menos desconcertantes ahora que hace dos mil años. Las pautas de la vida humana no varían lo más mínimo por el hecho de que las explicaciones con que pretendemos entenderlas sean de raíz mitológica, legendaria, poética o presuntamente racionalista. En cuestiones esenciales los seres humanos de todas las épocas de la historia han sabido todo lo necesario, dotándose de interpretaciones adecuadamente satisfactorias a cada momento para cualesquiera fenómenos. La filosofía moderna no añade nada a la filosofía griega o a la hindú. En lo básico, no existen problemas nuevos, aunque nosotros, de modo presuntuoso, creamos descubrirlos constantemente. Es nuestra fascinación por la Innovación, por lo Insólito, lo que nos hace creer que existe un progreso, pero Cioran nos advierte que, si queremos conservar hoy cierta decencia intelectual, el entusiasmo por la civilización debe ser barrido, lo mismo que la superstición por la Historia.
Manolo Valdés en otra época –pocos años en lo cronológico, pero hace muchísimo tiempo en sentido ideológico– escrutó y explicó plásticamente unas circunstancias que, por urgentes, dieron como resultado una iconografía adosada a lo inmediato en la que solo la ironía y la poesía posibilitaban un acercamiento a ideas trascendentes presentadas con ropajes “pop”.
Hoy, cuestionada la idea de progreso constante y aparcada las ideologías políticas universalizadoras, Manolo Valdés hace valer sus gustos personales y desvía parte de su mirada al Renacimiento, hacia el momento en que, precisamente, se fraguó la idea de que era posible la mejora constante y creciente –sobre todo en lo material y, mecánicamente, como consecuencia de ello, también en lo espiritual–, junto a la suposición de que todos los seres humanos –lo supieran o lo ignoraran, europeos o nativos de las antípodas– anhelaban el mismo tipo de vida. Y de la pintura de aquel momento surge su pintura de hoy.
Así, Manolo Valdés, “pretextando” a Van der Weyden o a Botticelli, retrata personajes que, al contrario de los realizados por los viejos maestros contemplados en museos, se muestran indefinidos, borrosos, complejos y construidos con muchas y diferentes experiencias y texturas. Los retratados, carentes de la nitidez y la seguridad en sí mismos que les caracterizaban hace cinco siglos, hoy son pintados-comentados desde el otro lado de la lente enajenadora que ellos mismos manufacturaron con la ayuda de la Ciencia que creyeron acumulable en bibliotecas repletas de tomos. Como esas estanterías y libros de madera en las que se alude a un tipo de conocimiento de hoy, sin embargo, se analiza como hermético y cosificador, estático y fosilizado. Frente a la indeterminación de fisionomías en los retratos y de contenidos en las bibliotecas, como síntoma de una cierta desconfianza hacia aquellas formas de ser y de pensar, Valdés encuentra la seguridad de objetos claros y rotundos que traslada a bodegones (un racimo de plátanos, varios limones, una pecera, un zapato, una cafetera…) en los que, con todo, puede no estar ausente el azar que se esconde tras la carta de una baraja o el misterio de una silueta femenina.
Javier González de Durana.
Fecha: 4 Oct - 21 Oct 1995














