Galería de Arte Juan Manuel Lumbreras

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Santos Iñurrieta

Paisajes para paseos personales

Nada se crea de un día para otro, todo lleva su proceso, pero a veces sucede algo que actúa como desencadenante, aunque sea precozmente, y ya no hay vuelta atrás.

Cuando Santos Iñurrieta cumplió nueve años, su tío y padrino, Santos Arustiza, natural de Bergara, le regaló un estuche de acuarelas. Los colores llamaron su atención de inmediato. Para probarlas, se le ocurrió utilizar el reverso de la tapa de cartón de una caja de galletas que había por casa. Fue la primera de muchas acuarelas sobre cartón de caja de galletas con las que Santos descubrió lo que le divertía jugar a pintar todo lo que veía. Desde aquel momento, nunca dejó de hacerlo.

Según fue creciendo, fue ampliando su juego. Allí donde iba, Santos miraba a su alrededor y lo pintaba. Disfrutaba. La observación de los colores de la naturaleza le liberaba del mundo gris y fascista de su niñez y primera juventud. Pintarlos le aportaba luz y alegría. Le hacía sospechar que la vida podía ser mejor.

A Santos le gustaba atrapar la luz en su momento justo y descifrar los efectos colaterales de su impacto sobre todas las cosas. Veía el mundo como un entramado interconectado de colores. Sus paisajes muestran la consciencia de un todo. Santos se entregaba a la belleza de las cosas sutiles que observaba y comprendía desde otra dimensión a la que le gustaba viajar.

En 1980 visitando un monasterio budista en Katmandú tuvo una revelación al leer esta frase:

“Dios es Buda y Buda eres tú. Así que eres dios si tú quieres.”

Esta frase reafirmó lo que ya intuía. Todo dependía de él. Ser libre estaba a su alcance. Podía ser dios si quería. Se puso manos a la obra empezando por deshacer todo lo que la educación y la religión del miedo y el castigo le habían metido dentro. Día a día fue limando sus dificultades y sacando todas esas cosas que no le pertenecían.

Su método fue pintar lo que tenía delante, meterse dentro de la realidad que veía y desentrañarla desde su interior y para sí mismo. Pasear por esos paisajes propios le ayudaba a encontrar su equilibrio. Quizás por eso nunca sintió la necesidad de exponer estos cuadros. Formaban parte de su trabajo personal. Los protegió de juicios externos para seguir paseando a sus anchas por ellos y encontrar nuevos rincones ocultos de sí mismo aún por liberar.

Contemplar la belleza de sus paisajes emociona profundamente. Transmiten la alegría y la libertad de ese niño observador y curioso de nueve años que Santos nunca dejó de ser.

En su último año de vida, consciente de que se acababa, Santos ideó este libro con la recopilación de sus paisajes para mostrárnoslos todos juntos.

Inspirado, creador y absolutamente libre, se quiso despedir de todos nosotros compartiendo la que seguramente ha sido su obra más íntima, “paisajes para paseos personales”, o cómo ser dios si tú quieres.

Fecha: 18 Jun - 30 Jul 2026

Información sobre Santos Iñurrieta