Enrique Brinkmann
Pinturas
BRINKMANN, DE NUEVO EN BILBAO
Enrique Brinkmann vuelve de nuevo a Bilbao, tras más de veinte años de ausencia, desde que por primera y única vez se presentara en la desaparecida galería Lúzaro, en 1975. De aquella época data su magnífica obra expuesta permanentemente en el Museo de Bellas Artes de nuestra villa.
Quienes no hayan seguido la trayectoria de Brinkmann a lo largo de estas dos últimas décadas, se sorprenderán por la notable evolución de su obra, desde aquel informalismo surreal, hasta la lírica abstracción de su etapa más reciente. Brinkmann pertenece a ese grupo de sublimes artistas, más interesados por el fondo que por la forma de su obra, por el mensaje que por la narrativa, buscando en su interior los fundamentos de su arte. Ese es el hilo conductor que ha guiado constantemente la obra de nuestro artista, con independencia de la forma externa en que su intelecto artístico se haya exteriorizado a lo largo del tiempo.
El profesor de lingüística Antonio García Berrio, profundo conocedor de nuestro artista, con el lenguaje poético que le caracteriza, realiza en este mismo catálogo un bellísimo análisis sobre el desarrollo de la obra de Brinkmann, al que considera dotado de una especial «inteligencia plástica», alimentada por años de retraimiento en el taller, de hondura musical, de identidad nunca manifiesta de lecturas, que permite al pintor moderno construir un diálogo profundísimo y sustancial con el espacio del cuadro, donde entra y se codifica todo el espacio del mundo.
En efecto: cabe uno imaginarse al artista Brinkmann en la soledad de su estudio, de una sobriedad monacal, siempre en penumbra y con un sobrecogedor silencio sólo roto por los ecos de una música clásica, adentrándose en el mundo abismal que su fantasía crea, para transportar al lienzo ejércitos de seres informes que están al otro lado de su imaginación fantástica y que la música se encarga de codificar en líneas y símbolos, especies de pentagramas que encierran auténticas melodías plásticas, donde se patentizan la armonía, el ritmo y el color que les son propios.
No hay ni por asomo en esos signos perfectamente jerarquizados un juego lúdico, ni un estudiado mecanicismo gestual, ni el resultado casual de una acción dejada al azar, sino la representación externa de una profundísima y agotadora ensoñación del intelecto plástico del artista, en trance de creación.
Los conocimientos de su depurada técnica y la exquisita elegancia de su estética refinada, ponen el resto en la obra de Brinkmann, un artista genial e irrepetible.
Juan Manuel Lumbreras
NOTAS DE PRENSA
«Intento transmitir un mensaje plástico, la pintura es una vía de conocimiento, y el mensaje, si es que lo hay, se realiza a través de la plástica. Creo que también hay bastantes conexiones poéticas.
En mi pintura, aun en la época en que tenía connotaciones surrealistas, la base era la pintura figurativa, con planteamientos abstractos. Es decir, yo comenzaba pintando manchas y de esas manchas sacaba una figura. No es tan distinto a lo que he hecho siempre. La forma en que trato la materia o la exigencia en cuanto al acabado sigue siendo igual».
Deia, 26 de septiembre de 1996, Igor Santamaría.
«La pintura —declara— pertenece al cuadro exclusivamente, y lo que más me interesa es que tenga una determinada textura, como una piel propia».
«En mis obras se mezclan momentos rápidos con otros reflexivos. Paso largas horas mirando los cuadros. En este proceso todo mantiene un orden concertado, desde el detalle hasta la resolución global del cuadro. La materia pictórica extiende sus cualidades y los leves gestos apuntan su presencia, en ocasiones reiterada. Ahora me obsesionan los puntos y los repito constantemente».
Estos apuntes mínimos salpican la extensión de sus obras en unos casos y en otros la ocupan de forma total con un vibrante palpitar.
El Correo, jueves 3 de octubre de 1996, Alicia Fernández.
A Bilbao ha traído Brinkmann un tramo nuevo de su quehacer. Dice Antonio García Berrio que: «aquellas manchas-formas iniciales de 1991-1992 han derivado, en las obras recientes, hacia una poética inquietante y esencial del punto y de la serie: puntos que en ocasiones fascinan como el perfil cadencioso de una melodía a causa de su distribución sobre el plano de base y otras por su mismo tratamiento plástico intensivo y autónomo; otras veces, merced a los efectos de focalización de expresividad plástica sorprendente».
El Punto de las Artes, 4 al 10 de octubre de 1996.
Fecha: 24 Sept - 11 Oct 1996






