Galería de Arte Juan Manuel Lumbreras

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Agustín Reche y Mercedes Truan

Pintura

CONTRA LA MIRADA MIEDOSA

En mi deambular por el arte he aprendido a no tener miedo a mirar. Y esto lo debo a aquel día que renuncié a utilizar la lógica del cerebro. Mi lógica es la lógica de las formas, la lógica de la luz y el color, la lógica de la representatividad figurativa o abstracta o conceptualista o como quiera aparecer.

Lo mismo me adentro en el artista empeñado en sacar el máximo jugo del ordenador más sofisticado, que en un ser como Agustín Reche que aspira a no dejar por más tiempo la continua disolución de las formas naturales.

La mirada miedosa que posee en las obras de Reche resolverá rápidamente que es una pintura hiperrealista, que es como decir que pinta lo que ve. Si esa mirada aprendiera a no tener miedo lo vería de otro modo. Como, por ejemplo: al pintar el modelo que está enfrente, lo que hace Reche es tratar de quedarse en el lugar del modelo; quiere aprehender el instante que vive en ese tiempo de mirada; no otra cosa que parar el tiempo, eso es lo que desea…

…aunque el modelo tenga sus leyes, que las tiene, Reche también posee una ley, que viene a ser, en tanto traslada pincelada tras pincelada al lienzo, la proyección visible de aquello que hay de invisible en el propio Reche.

En cada pincelada se vive una pequeñísima porción de la lógica del color, de la lógica de la luz, instaladas en el instante real y el tiempo que pugna por estar en la realidad del modelo.

En ese tiempo de estar en el instante de la pincelada y en el instante del modelo, debemos añadir el deseo de Reche por pintar al estilo de su admirado Bernardo Bellotto Canal (1721-1780). Quiere pintar Reche sintiendo el gozo lento, pausado, enfelizado que atesoraba el artista veneciano. Pero no en función de una imitación superficial ni siquiera ancilar, sino que Reche va tras la búsqueda de Belloto para que, gozosa y admirativamente, consiga ser el belloto de sí mismo. Estamos diciendo que Reche pinta para emocionar al espectador durante varios siglos.

En tanto al mirón temeroso le engañan los pintores realistas con mentiras misteriosas de la realidad alterada a base de trucos e idealizaciones, Reche pone al desnudo su realidad tal cual, pero inflamada de ingenuidad noble, porque en su arte se palpa la vivencia del éxtasis, que es el intento de hacer posible lo imposible.

Y así, en las calles que vio y miró de Londres, Madrid, Barcelona, Bilbao, entre otros ámbitos, aparecerá la plasmación de la sugerencia extática, más allá del dato exacto. En su quehacer se adapta mejor el hecho de connotar que denotar, porque la connotación es el alma de la representación, y es independiente de la semejanza.

Al tiempo de concluir estas líneas, acelerada reunión de minúsculas, llega Rilke con una apasionante proposición. Dice el poeta: “Estad nada más que un sólo día fuera de vuestro tiempo y entonces veréis cuánta eternidad hay en vosotros” …

Desconozco si Agustín Reche conocía esta cita, ni voy a preguntárselo. Del mismo modo que el pájaro no necesita conocer la definición exacta de eso que llaman aire para volar a sus anchas.

José Luis Merino

EL ORIGEN DE LA PINTURA DE FLORES

Las flores surgieron como protagonistas exclusivas de los cuadros a partir del siglo XVII, fundamentalmente en la pintura holandesa.

Hasta entonces su presencia fue circunstancial, pero muy valorada a lo largo de toda la Historia de la Pintura.

En la Antigüedad, egipcios, asirios, indios, griegos y romanos, las utilizaron fundamentalmente en las pinturas murales tanto por la belleza de sus formas -iris, lotos, papiros, rosas- aplicándola a la Ornamentaria de edificios notables, como por su capacidad de expresión simbólica -triunfo, fertilización, opulencia-.

En la iconografía religiosa de la Edad Media, las flores forman parte narrativa del Paraíso o Jardín del Eden, de contextos de las vidas de los santos y escenas bíblicas, y de la expresión de los campos de trabajo y escenas de caza. La pintura de ramos de azucenas -expresión de pureza- en las Anunciaciones, y las coronas, festones, orlas y guirnaldas rodeando las maternidades -expresando el homenaje y reverencia de los devotos-, cercan el enfoque floral en la representación.

En el Renacimiento dos factores aceleraron el proceso de autonomía pictórica. El primero, el sentimiento pasional por la botánica fue muy extendido por medio del auge de las publicaciones, y de las construcciones lujosas de Jardines. El segundo factor fue la reivindicación de la maestría que se podía alcanzar por medio de un motivo pictórico nuevo, recordemos las palabras de Caravaggio “tan difícil es pintar un buen cuadro de flores como uno de figuras”; maestría que en un principio fuera más demandada por compradores que por los críticos de la época.

En el maravilloso siglo XVII, de oro para los pintores holandeses y españoles, las pinturas de flores iban a crecer tanto en las ramas del gran árbol del género de las Naturalezas inertes -stilleven- más vivas que muertas, como en las ramas del gran árbol de la Naturaleza Paisajística por representaciones de escenarios de bosques y jardines.

A los pintores y pintoras de flores les iba a ser muy difícil no impregnar sus pinturas de la pasión botánica en la observación de las flores. Y esta generosidad en el saber de su motivo, ofrecía la capacidad de construir espectáculos florales anatómicos tan prodigiosos como los del “fenix” Jan Van Huysum (Ámsterdam 1682-1749), o los de la mejor alumna de Van Aelst: Rachel Ryusch (Ámsterdam 1664-1750).

Sólo en los cuadros se podían reunir flores de diferentes estaciones del año en un solo ramo, y con direcciones espaciales tan diversas y gravitatoriamente muchas veces imposibles. A través de la selección de especies, contextos y combinaciones, la inteligencia del pintor podía crear un nuevo cosmos de espacios, luces, colores y formas.

Al mismo tiempo las flores se convertían en polifacéticas embajadoras de nuevos significados con relación a las ideas y estados de ánimo humanos. Todo un despliegue del tema tradicional pictórico de La Vanidad: el esplendor de la juventud, el paso del tiempo, la fugacidad y brevedad de la vida, la muerte, la opulencia, la sencillez ascética, el lujo -en aquel tiempo- de poseerlas.

Las raíces de las pinturas de flores hoy en día son inmensas, pero la experiencia personal de alimentarse de su savia siempre será única.

Mercedes Truan

Fecha: 29 May - 17 Jun 1997

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