Galería de Arte Juan Manuel Lumbreras

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Teresa Ahedo

Arte y amor articulan mi vida

La espiritualidad ahediana de la realidad –o viceversa, la realidad ahediana de la espiritualidad– se expone en un repertorio estético de trazo esquemático y de gran capacidad de percepción figurativa. Muestra la tensión en sus mujeres gruesas y carnosas, por las que pasa un melancólico matiz compensador. A la dignidad une la fuerte personalidad que encontramos abierta en el sector artístico de la sabiduría dibujística.

Parte de oficio y parte de creación artística, el dibujo encaja bien en el carácter de Teresa Ahedo, desde el cual nos muestra su laboriosidad y el exquisito tratamiento temático de este quehacer. Se expresa en él transmitiendo sensaciones y sentimientos que conectan con el profundo y personal mundo que la caracteriza, en una amalgama de intuiciones de enorme elegancia y fuerza creativa e imaginadora.

Entiende el concepto de la belleza como mensaje de vida más que como percepción estética, así la expansión sobre alegría amor, dolor, ética, inocencia y misterio, porque Teresa es humana y sensible hasta lo irrefrenable.

Merece prestarle atención al orden, que le permite caminar por sus criaturas con emotividad participante. De ahí que, sin dificultad alguna, elabore sus papeles de guiños bullentes y vitales, envueltos en reflejos con los que va bañando su alma de mujer interrogante en un paisaje familiar.

La razón romántica la define como tratamiento, aunque actúe a impulsos. La materia lineal se concentra en la mirada, por muy intenso que sea el gesto, produce la impresión de remansarse a la capacidad de transmitir afirmaciones de esta carranzana.

El artificio no parece suscrito por su firma. Emplea lo necesario para una máxima expresión, pero huyendo de paradojas y contradicciones. Uniforme en su diafanidad y precisión dibujística, pone en el dibujo más diluidos los trazos crudos de sus oleos, para hablar de frescura y espontaneidad.

El arte, pues, es el hilo que la mantiene viva con el mundo, dentro del cual agranda y se ensancha a la luz de la voluntad, cargada de su tendencia casi natural de darse. Sería curioso observar lo estupefactos que se quedan sus ocasionales espectadores por las descripciones que dan el toque mágico de sus estéticas. Notas, temas, ideas, imágenes, mensajes subyacentes como símbolos permanentes y válidos de lo que hace, ha hecho o puede hacer. Nos encontramos con el elemento aglutinante de cada dibujo: la gran habilidad para resolverlo y la excelente disposición para sentirlo identificado en ella, con su exacta forma y su intención activa. Por eso mi visión particular donde ubicarla se ejemplariza en la nueva percepción de quien traspasa su yo al papel.

Mario Angel Marrodán, crítico de arte.

Notas de prensa:

«Es una pintura reflexiva, sincera que tiende a comunicarse y dejar un mensaje importante, el más importante del hombre, que es el amor.

El arte como profesión y el amor como principio. Concibe como modo de comunicación en una sociedad en la que esta se está perdiendo, caminando hacia el aislamiento y la soledad». 

Deia, 13 de marzo de 2002, Ana Ramos. 

Fecha: 12 Mar - 06 Abr 2002

Obras