Galería de Arte Juan Manuel Lumbreras

Ramón Cerezo

El vacío comestible

Siempre hay que acudir al diccionario: el vacío que ¿nos interesa? es el espacio carente de materia.

El vacío es el único espacio absolutamente disponible para ser transitado, ocupado, llenado. Es el lugar de la creación, lo absoluto: cualidades de la divinidad.

Sólo el vacío es habitable: las habitaciones, los puestos vacantes, libres les llamamos. En el vacío está la libertad. Y al ocuparlo lo destruimos: ejercicios de humanidad.

El vacío primigenio es la nada, de donde todo fue creado. Pero el vacío es sobre todo la ausencia de lo que estuvo presente. El hueco del bulto.

Ramón Cerezo nos presenta Vacíos 2015: una serie de cubos con ventanas para que pase el aire, para fisgar el interior inexistente que las paredes crean, para desplegar un truco de escapismo porque el objeto en sí desaparece, se vuelve transparente al mirar a su través.

Parece una pretensión modesta en un escultor que ha manejado grandes volúmenes, que se ha atrevido con vacíos del cilindro de 7 metros de alto por 3,5 de diámetro y cuyo último trabajo fue su descomunal Arquitectura del espíritu, esta serie de cubos de 20, 30 o 40 cms de arista: un juguete, una chuchería comestible después de su santuario, nos lo da mascado…

El vacío es el corte argentino de la vaca entre las costillas y los huesos de la cadera; la falda en España: carne muy jugosa aunque algo dura por ser bastante fibrosa. Jugoso y fibroso el vacío, las faldas, la madera, el metacrilato, el aluminio, el acero corten: todo lo que se presta al juego.

Porque aquí está todo: el concepto de los gigantes se aguanta en la palma de la mano.

Ramón Cerezo no escurre el bulto, que no caiga en el vacío, que no se vaya de vacío, que redima a los adeptos al horror vacui….

Juan Ramírez Codina. Escritor.

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