Galería de Arte Juan Manuel Lumbreras

Emilio González Sainz

Siempre he tenido la sensación de que Emilio González Sainz realizaba una pintura autobiográfica, aunque explicar esto resulta muy complejo, incluso no sé si es correcta esta clasificación, aunque supongo que la propia existencia de la noción de pintura literaria, o la pintura narrativa, legitima esta otra.

Por decirlo de una manera mas precisa, diría que su pintura siempre fue autobiográfica, aunque en ocasiones no se apreciase con claridad a causa de las varias narraciones sobrepuestas, y quizás en la actualidad nos resulte más evidente.

Hablamos de un verdadero francotirador de la pintura, yo diría que de la pintura de paisaje, un artista que ha forjado con paciencia, silencio y minuciosa caligrafía una personalidad pictórica que invita a redescubrir el entorno. Jesús Marchamalo decía en su blog: “Siempre me han gustado sus paisajes, llenos de árboles y acantilados. Gaviotas, cielos nubosos, y ese mar plácido a veces, y otras hosco, cruzado de barcos con las velas desplegadas. Un escenario de solitarios melancólicos: escaladores y paseantes decimonónicos, de catalejo y levita, melena al viento, botines y bastón. Lagos y caminantes, tocones y pinares, casas con chimenea y un azul con nombre y apellidos. Tal vez  Prusia o Windsor; verde oliva y Perylene, o gris de Payne, que es el mismo color, exactamente, que el de los atardeceres en el Norte”.

El mismo artista que acompañó en alguno de sus viajes a Jack London, que formó parte de la  expedición de Shackleton a la Antártida, que estuvo en la austral Isla Negra, sancta sanctorum de Pablo Neruda, que persiguió ballenas por los mares del norte y que sin duda acompañó al Doctor Arrieta en el momento de atender a su admirado Francisco de Goya, quien posiblemente gracias a todos ellos y a su permanente inquietud, atraviesa un periodo de madurez artística, y se permite retornar a los lugares que le son mas próximos, eso sí, mas sabio y con mas capacidad para pintar todo aquellos que se propone y lo hace desde la humildad, -frente a la naturaleza-, e incluso como poética pictórica. ¿Conocemos algún otro pintor que pinte a S. Francisco en el Siglo XXI?, ¿Alguno que pudiera declarar: “pinto vagabundos porque me gustaría serlo. Y lo soy cuando pinto”?.

Quien mejor explica de donde viene E.G.S., es el profesor Javier San Martín, -quien le ha escrito varios textos para sus catálogos- , “EGS vive una vida desdoblada entre sus paseos y su frecuentación de libros, mapas y relatos. Desdoblada y fluida, pues parece ver los acantilados con los ojos de Friedrich, pero también, cuando mira cuadros, pareciera como si caminara por ellos, aspirando aromas y sonidos. Una vida en la pintura. Pero quizás hay algo que matizar: en primer lugar, Emilio González Sainz no es un pintor citacionista al uso, no es un artista que se nutre de La Pintura como una casa que ofrece el cobijo de la tradición y el calor de su prestigio. O, en todo caso, no lo hace principalmente en ese sentido. Emilio cita y frecuenta sólo un tipo de imágenes que realimentan lo que ya lleva en su interior. Lo emplea como activación, como excitación serena de algo que ya le pertenece. Es selectivo y exaltado, humilde y fanático.”

Sin duda su pintura está forjada por estos cuatro valores, a los que en la actualidad, se debe añadir otro que resulta mas intangible posiblemente para la mayoría, pero no para aquellos que de alguna manera hemos tenido la fortuna de acompañarle durante estos años, y que no es otro que la certeza de quien sabe bien lo que se trae entre manos, y eso le posibilita disfrutar de su pintura, hasta el punto de salir a pasear por sus propios cuadros. E.G.S. entra y sale por unos paisajes que además de ser comunes a muchos de sus maestros, son los suyos propios. Pinta cosas y lugares que conoce, junto a los que desconoce pero imagina. Describe lugares vividos o al menos conocidos, junto a los que le son absolutamente desconocidos y aquí entramos en un terreno sobre el que han escrito varios de los autores de sus diferentes presentaciones, y algo sobre lo que el propio artista ha reflexionado y ha dejado por escrito. Es el territorio de la Pintura.

Vladimir Tupolev. Santander, 14 de enero de 2013.

Imagen: Jesús Marchamalo.

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